21 de noviembre del 2019
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Todas las encuestas fallaron y las empresas demoscópicas tendrán que tomar nota. Fallaron mucho más que en las famosas elecciones europeas, sólo que esta vez ha sido el Partido Popular y el Partido Socialista, los grandes beneficiados de los resultados reales. Ni sorpasso ni mayoría de izquierdas en España. El Partido Popular, reforzado por el pánico del Bréxit y la polarización de la política europea, beneficiado por el inmovilismo de un Rajoy que amenaza con enterrar a cualquier rival político que le salga al paso, y que ha sabido retener al voto conservador, no sólo ha ganado las elecciones; ha ganado fuerza, autoconfianza y, sobre todo, ha recuperado votantes en algunos núcleos fundamentales del país (Madrid, Valencia o Andalucía). Un asunto difícil de comprender, pero tan real y duro como la vida misma.

Somos los que somos y no somos tantos

No hay tantas clases populares con ganas de cambio. En definitiva, no somos tantos. Y si no somos tantos no es porque en España no exista un importante núcleo de población afectado por la corrupción y los problemas estructurales y económicos del país, no es porque no haya motivos para el descontento, no es porque no tengamos un espectro político variado, es porque no se ha podido enarbolar un discurso lo suficientemente atractivo para inyectar alegría al tiempo que se desvanecía el miedo. Es cierto que en seis meses pocos cambios eran sociológicamente sostenibles, pero también lo es que Unidos Podemos no ha multiplicado (ni siquiera sumado) sus respectivas masas de votantes y que habrá que analizar la campaña, la composición de los liderazgos y la estrategia elegida para sacar conclusiones constructivas, al tiempo que te adaptas a un contexto nacional e internacional más complejo del que había hace sólo medio año. «Más allá de los resultados, la confluencia es el camino» decía ayer Pablo Iglesias, y puede que sí, pero habrá que potenciar la actividad y visibilidad de los actores sociales para que se convierta en estímulo real de la vida política. Hay gente que se ha quedado en el camino y no se sabe porqué.

Quizás la mejor lección que pueden extraer las fuerzas del cambio de este impasse electoral, es que la política debe hacerse fundamentalmente con un pie en la calle y el otro en las instituciones en las que se tiene representación, y mucho después, en los medios de comunicación al calor de las encuestas. Son importantes, pero no nos engañemos, la construcción de un país con valores y de una pedagogía política de futuro no iba a suceder en tan sólo seis meses, requiere de tiempo y movilización continua. Y ese, y no otro, es el mayor reto de nuestra historia democrática.

Nuevo ministro corrupto, trece escaños más

En cualquier otra democracia sería inexplicable que, después del caso de Jorge Fernández Díaz, el Partido Popular subiera en número de electores. En cualquier otro país, sólo con ese caso, se hubiera tambaleado el gobierno, dimitido el ministro en funciones y Rajoy tendría muy complicada su permanencia en la vida política. Aquí, el Partido Popular, ha subido nada menos que trece diputados, pese a que el caso del ministro cuestione la separación de poderes en España y revele que el gobierno urde casos falsos de corrupción para perjudicar a sus rivales políticos. Parece increíble, pero no lo es. España, simplemente, es así.

Escrutinio

Mayoría de centro-derecha y revival del bipartidismo

España es, además, un país muy conservador. Por eso el bipartidismo no sólo resiste, sino que se recupera en algunas ciudades. En general, en estas elecciones han habido más votantes que volvieron a las andadas frente a quienes apostaron por un cambio político. Es un hecho, el cambio, sea cual sea la sigla que lo proporcione, ha involucionado (aunque los procesos en ocasiones sean como acordeones). En momentos de dudas, preferimos lo malo conocido. En momentos de duda, la mayoría de españoles ha elegido al PSOE de los ERE y los cursos de formación o al Partido Popular que saqueó las comunidades de Madrid, Valencia y Baleares (entre otras). Aquí podríamos hablar de muchos factores coincidentes, desde lo sociológico hasta el enquistamiento institucional o la situación política internacional, pero el factor más influyente es la resistencia absoluta al cambio.

El poder del voto del miedo

Dos tráficos de votantes principales se han visto reforzados con estos resultados. El de Ciudadanos hacia el Partido Popular, el nuevo voto útil según la derecha era votar de nuevo a Rajoy y no a un partido de carácter eminentemente liberal y menos católico, y el del PSOE que se queda en el PSOE cuando ya sujetaban el pomo de la puerta de salida, es decir, el voto nostálgico «socialista», aquellos que le estarían tres vidas agradecidos al PSOE de las élites por derechos conquistados hace casi treinta años. Tanto la penosa campaña de Rivera como el poder de la infraestructura del PSOE, casi imposible de derrumbar, han propiciado que el 26J nos hayamos acostado con cánticos en Génova, esa vieja pesadilla.

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Javier López Menacho
Escritor y Social Media Manager. Ha escrito el libro Yo, precario (Libros del Lince, 2013), Hijos del Sur (Tierra de Nadie, 2016) y Juan sin miedo (Alkibla, 2015) y SOS, 25 casos para superar una crisis de reputación digital (UOC editorial, 2018). Ha sido traducido al griego y al alemán. En 2014, creó La Réplica, periodismo incómodo.
Javier López Menacho

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    Una Réplica

  1. ALberto

    La semana del Brexit y de las elecciones generales en España me trae a la memoria la misma frase ‘sin educación, no hay democracia’.

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