26 de noviembre del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Unos minutos. Tan solo unos minutos en la tele y todo un trabajo de meses y meses se viene abajo. Me refiero, como muchos imaginaréis, a las noticias que en varias cadenas nacionales de televisión se hicieron eco de las famosas imágenes en las que se observa una aglomeración de ciudadanos sin guardar la distancia de seguridad en la noche del sábado, durante la celebración del Xera Festival Internacional de Músicas del Mundo en Jerez.

Da igual que esas imágenes correspondieran, como se ha manifestado infinidad de veces, a un momento puntual entre conciertos donde ciertamente se produjeron esas aglomeraciones. Da igual que se corrigieran de inmediato por parte de la policía, como así se hizo. Da igual que se hayan pedido disculpas por esa situación concreta. Da igual que se aclare una y mil veces que dentro del recinto del festival se siguieron escrupulosamente las medidas de seguridad establecidas por ley durante todo el fin de semana. Da igual que se explique que, fuera del recinto acotado, el festival no tenía autoridad para evitar lo que pasó, dado que la responsabilidad era individual y para los casos de incumplimiento estaba la policía. Da igual que se recalque que una de las principales intenciones de mantener el festival fue la de apoyar a sectores tan perjudicados por la pandemia como el artístico y el del comercio local. Y ya puestos, da igual que el festival estuviera anunciado desde hacía meses y que esos políticos y asociaciones que ahora parecen tan preocupados por nuestra salud, no dijeran ni pío reclamando que se cancelara hasta que apareció la noticia en televisión.

Todo eso da igual.

Y da igual porque la tele es la tele y lo que por ella se emite tiene un tremendo calado. Vemos las imágenes por la pantalla con nuestros propios ojos, por lo que necesariamente tienen que ser verdad. Pues os voy a decir algo que en realidad ya sabéis: no es así. No todo lo que sale por la tele es cierto, aunque lo estéis viendo. La verdad es poliédrica (quid est veritas?) y, aunque parta de un hecho verdadero, es fácilmente adulterable en función de la perspectiva e interpretación que acompañe a esas imágenes. Y esa interpretación suele estar sesgada por intereses políticos y económicos. Pensamos que somos indemnes a la manipulación de los medios y caemos como moscas dejando que hagan con nosotros y con nuestra opinión lo que les place. No he descubierto nada, cualquier estudiante de Ciencias de la Comunicación o de Publicidad lo sabe. Nosotros en nuestro interior lo sabemos, aunque no queramos reconocer que seamos tan maleables. Y si aún no estás de acuerdo con lo que digo, basta con repasar la Historia.

Lo anterior no quita que se cometieron errores. Por supuesto. Rara vez no se cometen y todo es susceptible de mejora. Unos piensan que la actuación de la policía pudo haber sido más contundente. Otros creen que el principal error está en haber otorgado a la ciudadanía una madurez cívica para la que no estaba preparada. Pero este pensamiento puede ser peligroso. El calificar generalizando a la población de irresponsable es caldo de cultivo para el paternalismo de Estado, que en el peor de los casos puede derivar en Estado represor o autoritario.

Y este es el verdadero dilema. Por una parte, muchos se rasgan las vestiduras quejándose de las medidas de confinamiento y de limitación de las libertades por causa de la pandemia, pero, por otra, aceptamos que la vida tiene que seguir y adaptarse a esa “nueva normalidad” de la que tanto se habla. ¿Qué hacemos entonces? ¿No hacemos nada o lo hacemos siguiendo todas las medidas de control que la ley exige? Personalmente estoy a favor de lo segundo.

Y lo estoy por una cuestión de salud mental. Un año sin ningún tipo de escape que nos permita realizar algo mínimamente parecido a lo que era la vida normal pre-covid nos volvería locos a todos. Ya nos está volviendo de hecho. Por eso, en mi humilde opinión, celebrar el festival no fue el error. Ojo, lo que digo no es que se promuevan actividades sociales alegremente como si no estuviéramos en medio de una pandemia, sino que se realicen con todas las garantías que se establezcan y más aún. De hecho, ha sido así en los últimos meses. En Jerez ha habido sendos ciclos de música (“Música bajo la Luna”, “Festival Extramuros” y “Música y Cultura en tu barrio”) y no ha pasado nada, ni nadie puso el grito en el cielo. Pero tal vez por la mayor repercusión del Xera, el famoso incidente de esa aglomeración puntual salió en la tele.

Es curioso cómo en televisión lo malo siempre prevalece sobre lo bueno. El 90% de las noticias son para mostrar cosas chungas y escandalosas, en una suerte de sensacionalismo y amarillismo que impregna los mass media en una lucha sin escrúpulos por la audiencia. El Xera Festival podría celebrarse 30 años sin incidentes y trayendo lo mejor de las músicas del mundo y dudo mucho que en todo ese tiempo saliera en Telecinco o en Cuatro (ni siquiera en la televisión pública andaluza que para algo debería servir). Ahora bien, alguien cuelga en las redes sociales un vídeo de unos minutos desde una perspectiva capciosa donde parece que hay una manifestación de gente desbocada, y en seguida todos los medios se hacen eco.

Después están los que se apuntan al carro del linchamiento, lo cual ha sido un espectáculo bastante vergonzoso y vergonzante. No voy a hablar ahora de los partidos políticos, porque en este país cainita se da por hecho. Me refiero a asociaciones a las que se les llena la boca sobre la necesidad de recuperar el maltrecho centro histórico de Jerez o la Cultura, y a las mínimas de cambio se unen a la lapidación pública de un festival que precisamente nació también con esa intención. No es casualidad que el Xera se celebre en las plazas del centro y no en otros lugares más espaciosos.

Y de los políticos que han aprovechado el incidente del sábado para obtener rédito electoral pues qué voy a decir. Lo que se esperaba. Y se esperaba porque aquí nunca se ha entendido la Cultura como un valor que trascienda a las ideologías políticas, sino como un arma arrojadiza para crispar y destruir al adversario. Y eso es muy triste. La Cultura, como la Educación y la Sanidad, deberían estar por encima de las siglas y aunar más que dividir. Pero entonces estaríamos en otro planeta. De igual modo, no dejan de sorprender las declaraciones del líder de la oposición en Jerez, que en cuanto le enchufaron un micrófono de una cadena de televisión, tildó a los conciertos del Xera Festival «de dudosa calidad y que no demanda el pueblo de Jerez”. Y esas declaraciones más que pena dan risa. Yo no sé qué música escuchará ese señor, pero manifiesta un desconocimiento total sobre lo que son las músicas de raíz o étnicas, y en concreto sobre los magníficos grupos internacionales, nacionales y locales que han actuado en las tres ediciones del Xera con enorme éxito de público. Que a él no le guste esa música o no la entienda es otra cosa (aunque dudo mucho que en los tres años del festival haya visto siquiera un concierto). Pero sus declaraciones son de lo más típicas entre cierta clase política: hablar por boca del pueblo como si ellos supieran a ciencia cierta lo que el pueblo quiere, y confundir sus deseos con los de la mayoría. Este señor debería seguir el famoso adagio latino “de gustibus non est disputandum” (sobre gustos no se disputa) o, al menos, no tener el atrevimiento de criticar los gustos de los demás. Pero es que la ignorancia es muy atrevida, y la tremenda ignorancia es tremendamente atrevida.

Para rematar la faena, están las opiniones que han vertido en las redes sociales aquellos ciudadanos de a pie que pusieron el grito en el cielo al ver las famosas imágenes en televisión, alentadas por titulares como (y cito) “Irresponsables de fin de semana en Jerez”, lo que da una imagen distorsionada de lo que realmente ocurrió. Normal que entraran en pánico. Imagínense, pura visceralidad y casi ninguna crítica constructiva por decirlo elegantemente. Muy probablemente la mayoría de los que empezaron a proferir insultos contra la organización o el Ayuntamiento no aparecieron por el festival en todo el fin de semana, ni lo vieron con sus propios ojos. Si lo hubieran hecho, quiero pensar que al menos una parte importante hubiera tenido otra opinión muy distinta. Pero la crispación a la que antes me refería impulsada por los políticos y los medios de comunicación no ayuda ni nunca ayudará. El deporte nacional es destruir al otro. En eso somos los mejores.

Por otro lado, voy a contar algo que no muchos saben y algunos ni siquiera creerán. Los organizadores del festival no cobran un duro por ello. Ni quieren. Ni un solo euro en los tres años que llevan trabajando por traer a Jerez las mejores músicas del mundo. De hecho, hasta les ha costado el dinero cuando en alguna ocasión han tenido que llevar de cenar a tal o cual artista o banda. Cada año se llevan meses compaginándolo con sus trabajos y sacando tiempo de estar con sus familias y amigos para contactar con las bandas, programar los conciertos y un largo etcétera. Lo hacen literalmente por amor al arte y a la música. Y encima, por lo ocurrido este año, vilipendiados por quienes, bajo el escudo de las redes sociales, no conocen en absoluto su silenciosa y altruista labor. Y eso produce dolor. Y también cabreo. Porque una cosa es que no busquen reconocimiento ni dinero, y otra que les den hasta en el cielo de la boca por organizar un evento cultural que en tan solo tres años está considerado uno de los mejores de este país en el ámbito del folk y las músicas étnicas.

Pero también hay que agradecer los apoyos, que los ha habido y cada vez hay más. Parece que, tras el ruido y la furia de los primeros momentos, cada vez hay más ciudadanos conscientes de la manipulación y tergiversación mediática y política que se ha hecho del festival en particular y de la imagen de Jerez en general. Y por supuesto músicos, artistas, profesionales del sector hostelero y del sector de eventos, asociaciones culturales y de productoras audiovisuales, así como medios de comunicaron (muy pocos) y el propio Ayuntamiento, que han mostrado su respaldo explícito al Xera Festival. Se agradece y mucho. Es el aliento necesario para que este festival siga creciendo y se convierta en un referente cultural de nuestra ciudad aún mayor de lo que ya es.

Tal vez todo lo acontecido se vea distinto cuando pase el tiempo y la vida vuelva a su cauce natural. Puede que lo ocurrido sirva como una oportunidad para madurar como sociedad, aunque todo está muy fresco aún. Y soy consciente de que este escrito no convencerá a casi nadie que ya tenga una opinión formada. Los seres humanos somos muy resistentes a cambiar de postura porque no nos gusta equivocarnos. Y eso vale para todos. Tan solo he querido mostrar una visión alternativa de lo que ocurrió este fin de semana en el Xera Festival porque lo viví de primera mano. En cualquier caso, y por soñar, me gustaría imaginar un mundo donde todos estuviéramos concienciados de que la Cultura no es de derechas, ni de izquierdas, ni de centro. En la medida en que la consideremos un patrimonio de todos, independiente de las ideologías y libre de sectarismos, todos ganaremos.

Porque una vida sin Cultura sencillamente carecería de sentido.

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Antonio Romero

Doctor en Psicología por la Universidad de Sevilla. Profesor en el departamento de Psicología de la Universidad de Cádiz. Es autor y coautor de diversos libros académicos, a destacar “Psicoterapia” (Absalon ediciones, 2010) y Psicología del ciclo vital: desajustes y conflictos (El gato rojo, 2012), así como de diferentes artículos en revistas especializadas.
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    2 Réplicas

  1. Anna del Brau

    Y qué me dices de las corridas de toros? Aglomeraciones, no respetan medidas, son Incultura, o involución y encima las subvencionan con los impuestos de todas, cosa que la mayoría de la población desconoce y miles otros estamos intentando que deje de hacerse. Jamás la esclavitud, tortura y muerte de un ser sintiente e inocente debería ser un espectáculo o «fiesta nacional» y menos aún subvencionada. Igualmente cualquier abuso festivo de otros animales que aún se hacen en la España profunda. ¡#Tauromaquia Abolición!

  2. Javier Ortega

    Yo tuve la suerte de estar un rato el sábado por la mañana con mi mujer e hijo. Nos tomaron la temperatura, gel en las manos y sentados con distancia de seguridad. Un momento de música sublime que reconfortó nuestros cuerpos y almas. Aglomeraciones fuera del recinto no había por la mañana, nada que no estuviera pasa do en Al’s terrazas de los bares del centro que estaban muy ambie todos. Gracias a los que currasteis para seguir con este festival. Saludos

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