27 de mayo del 2020
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Byung-Chul Han es un experto en la sociedad de nuestro tiempo. Un fino observador de la sociedad 2.0. en la que vivimos y un crítico que recela de las nuevas tecnologías. Como buen filósofo, intenta explicarse el mundo que nos rodea, cómo funciona y hacia dónde puede encaminarse. Y, casi siempre, sus conclusiones son oscuras y tétricas.

Con la crisis del SARS-CoVid19 no ha hecho una excepción y ha dado su opinión al respecto (aunque todavía no le ha dado tiempo a escribir un ensayo como a Žižek): en una breve entrevista a la Agencia EFE desgrana algunos aspectos que el filósofo alemán de origen coreano cree que serán claves para el futuro más próximo.

En un momento dado de la entrevista asegura que ‹‹El virus es un espejo, muestra en qué sociedad vivimos. Y vivimos en una sociedad de supervivencia que se basa en última instancia en el miedo a la muerte››, una aseveración que sirve para filtrar los acontecimientos que estamos viviendo desde hace unas semanas. Y es cierto, tener la muerte tan presente a todas horas nos vuelve seres con miedo, y por tanto mucho más manipulables. Estamos sosteniendo un delicado y difícil equilibrio entre lo que debemos hacer para proteger a los nuestros y al mismo tiempo intentar que esa protección no signifique una pérdida de libertades y derechos; sin duda saber discernir una cosa de otra puede marcar el designio no solo de este año, sino de toda la próxima década, y quién sabe si más.

Y el miedo es el gran catalizador. El  pánico a la muerte, que de súbito vuelve a hacerse visible y nos recuerda que somos seres mortales; ese miedo puede hacer tambalear sistemas democráticos, convulsionar sociedades y cómo dice Byung-Chul Han, nos puede empujar a un estado similar al de una guerra permanente.

Pero no hay bombas, ni disparos, ni batallas. Lo que hay son movimientos tectónicos, bajo la superficie social, que entroncan con la raíz de todas las sociedades: la tecnología. Tenemos a trabajadores trabajando desde casa, niños estudiando en el ordenador; vemos conciertos, programas de televisión y entrevistas por videoconferencia. Todo está pasando por el embudo digital, a excepción de aquellas cosas que son imprescindiblemente presenciales (curiosamente, las que son seña de identidad de las partes más desiguales de nuestra sociedad). Se están acelerando los procesos digitales, aupados por esta crisis que nos mantiene separados físicamente; apoyándose en esa premisa obligatoria, los grandes poderes tecnológicos están ayudando a los Estados a llevar esa transición, y sin duda no lo harán sin nada a cambio. El control digital ahora también será biológico, y no sería de extrañar que en un futuro no muy lejano todo el mundo tenga una especie de Identidad Biológica, algo así como nuestro DNI pero sobre nuestra salud.

En unos momentos tan extraños, en los que muchos se empeñan en hacer ver que vivimos en una nueva normalidad (un eufemismo que esconde terribles significados), hace falta más que nunca la entereza para intentar no dar nada por sentado. Saber aplacar el pánico para no perder perspectiva, para no empañar nuestra visión y perder la noción del todo. Hemos de actuar con responsabilidad, con cuidado y sentido común, pero no dejemos que nos paralice pensar en toda la gente fallecida, en los enfermos, en los que no pueden protegerse. Nos enfrentamos a un momento de profundos cambios y no podemos dejar de estar pendientes de ellos, aunque no sepamos bien qué hacer para lidiar con ellos. Hay que dejar de pensar en números, preocupándonos por el cómo vivimos y no si sobrevivimos a cualquier coste. Una mera existencia no tiene sentido sin calidad de vida.

Porque si se unen tecnología y miedo, el factor humano está en peligro de extinción.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr
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