30 de mayo del 2020
La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica La Réplica



Son tiempos extraños.

Estamos viviendo lo que nuestros abuelos decían siempre, ese evento histórico desastroso que lo cambia todo, que marca un punto de inflexión en el devenir de las vidas de varias generaciones. Los más grandes siempre han sido los conflictos armados, las guerras.

El coronavirus es nuestra Guerra Civil. Al menos en cuanto a vuelco de nuestro día a día. Es evidente que no es lo mismo, por suerte, pero para nosotros será un antes y un después. Cuando seamos abuelos hablaremos de ello a nuestros nietos, les diremos que pasamos tiempos muy difíciles, que hubo mucho miedo, que la economía se fue al garete y vivimos años de dificultades. Seguramente, esos niños nos mirarán con esa cara con la que nosotros mismos mirábamos a las de nuestros “abus”.

Ahora toca quedarse en casa, ser solidarios y cuidarnos muchos. Pero, ¿qué pasará después? ¿Cómo volveremos a nuestras vidas, nuestras rutinas?

Debemos sacar enseñanzas de todo lo que está ocurriendo. La más importante: hay pilares de la sociedad del bienestar que deben ser sagradas. Se está viendo con la Sanidad, colapsada después de años de recortes que la han dejado con mucho menos músculo del que tenía hace una década. Ahora se ve la importancia de un sector público potente y bien gestionado (algo que no debemos olvidar nunca). Sin un sistema que pueda proteger a la población no tenemos nada. Y sin que la eduque adecuadamente, tampoco. Por eso la Educación es otro pilar que debería ser intocable.

¿Sólo de salud y educación debe vivir nuestro país? Por supuesto que no. La economía es igual de importante, y el coronavirus nos está mostrando muchas cosas: la globalización tiene cosas muy buenas, pero otras no tanto (y se están viendo). El capitalismo empieza a mostrar señales de agotamiento preocupantes y necesitamos un nuevo sistema que nos permita avanzar a un nuevo nivel, evolucionar. Porque la pandemia nos ha enseñado que nadie estaba preparado y la fragilidad con la que el sistema económico se ha venido abajo es preocupante. Lo de 2008 fue un gran engaño, una operación programada a gran escala en la que el capitalismo supo jugar sus cartas a la perfección y su engranaje no falló en nada. Ahora las reglas del juego han cambiado, todos están con el culo al aire y por eso los gobiernos mundiales están reaccionando así. Las grandes empresas, esas que presumen siempre de ser los motores de las economías, no se permiten estar cerradas tres o cuatro semanas sin echar a sus trabajadores (cuando supuestamente tienen tal cantidad de superávit que podrían sufragar los sueldos un mes sin problema).

Una economía basada en el abaratamiento de costes, la descentralización buscando siempre lugares donde pagar miserias… puede que hayamos llegado a un cambio de paradigma, porque todo ha caído como un castillo de naipes sin que los estados puedan hacer nada porque dependen demasiado de factores externos. ¿Proteccionismo? Quizás es una palabra demasiado negativa, pero no está de más que las economías estatales vuelvan a dirigir su mirada hacia el interior de sus fronteras y no tanto al exterior.

Hay muchas incógnitas, estamos todavía en una fase de “guerra” contra el virus y no sabremos el alcance de sus consecuencias hasta dentro de varios meses. Pero algo hemos de tener claro: nada será igual que hace cinco meses, pero el cambio no debe asustarnos sino tener una brizna de esperanza y pensar que tal vez, de alguna de estas crisis, salga un mundo mejor.

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Alejandro F. Orradre

Escritor || Jedi frustrado || Reseño mis lecturas en elfindeltsundoku.wordpress.com || Colaboro en @murraymagazine y @hablandoconletr
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