Pero… ¿de verdad ha habido una debacle de la izquierda en Andalucía en 2022?

¿Ha habido una debacle en la izquierda en Andalucía en 2022, como plantea el artículo de mi buen amigo Alejandro López, en La Réplica?

Pues, con todo el aprecio que le tengo, y lo mucho que me ha gustado su artículo, discrepo de él y diré que no, que la verdadera debacle se produjo mucho antes.

Prepárense porque el artículo es muy largo, pero consuélense ya que podría haberlo sido mucho más. 

Un poco de historia reciente

(Para consultar un histórico de resultados completo y rápido ver este artículo en Newtral)

2012. El mayor batacazo del PSOE

En las elecciones andaluzas de 2012, el PSOE, que venía de empalmar dos mayorías absolutas en Andalucía, con niveles de participación que rondaban el 75%, perdió de una tacada 600.000 votos. Sin embargo la Izquierda Unida de entonces no fue capaz de atraer a ese electorado y apenas ganó 100.000. ¿Qué había pasado? Que el primer y mayor proceso de desgaste del PSOE andaluz se tradujo en una abstención que creció un 10%, en un contexto de crisis económica, afloramiento de casos de corrupción, agotamiento de 27 años de gobierno en Andalucía y movilización social impulsada por el 15M. El mayor incremento de la abstención en la historia de Andalucía, que siguió creciendo en términos absolutos desde entonces en sucesivas convocatorias electorales, salvando alguna mínima disminución coyuntural. 

La legislatura de 2012 comenzó con el primer gobierno de coalición PSOE-IU, tras la pérdida del PSOE de su mayoría absoluta. Una de las legislaturas más convulsas de Andalucía, junto con la anterior (2008-2012). Periodos, ambos, en los que se produjeron las dimisiones de dos presidentes socialistas andaluces (Chaves y Griñán), jalonados, como mencionaba antes, por la corrupción. 

2015. El auge de la nueva política, que no se tradujo en nada práctico

En 2015, tras la ruptura del gobierno de coalición, Susana Díaz convoca elecciones anticipadas, en un ambiente de auge de Podemos, tras su prueba de fuego en las elecciones europeas y aún sin haberse estrenado en unas elecciones generales ni autonómicas.

Podemos (15) e IU (5) se presentaron por separado en Andalucía, obtuvieron 20 diputados y 530.000 votos más que IU tres años antes (más del doble sumando los apoyos de ambas). El PSOE, perdiendo 150.000 votos más, repitió con 47 diputados. La participación apenas había recuperado un escuálido 1,5%. Si no había crecido significativamente la participación y el PSOE aguantaba a pesar de la gran fuga de votos a su izquierda ¿Qué había pasado? Que esta vez fue el PP el que dio un batacazo y perdió 500.000 votos (pasando de 50 a 37 diputados). Una parte por la división del centro derecha y la aparición de Ciudadanos (que a la postre permitió un nuevo gobierno del PSOE en Andalucía), y otra por la fuga de una parte de sus votos al PSOE, en forma de voto útil ante el auge de Podemos. En relación a esto último es necesario recordar que Podemos generaba mucho entusiasmo en sus votantes, pero mucho miedo y rechazo en votantes más tradicionales. ¿Podríamos decir que Andalucía se había vuelto más de izquierdas porque el bloque PSOE-Izquierdas sumaba un 57%, como hoy en 2022 se habría vuelto más de derechas al sumar ese bloque el 60%?. Las cosas son más complejas. Sigamos.

En la legislatura 2015-2018 nos encontramos con un PSOE en minoría, que pacta con Ciudadanos, y 20 diputados/as a su izquierda que no consiguieron frenar las políticas continuistas del PSOE y que tampoco quisieron o pudieron, tras la mala experiencia anterior de IU, participar de un nuevo gobierno de coalición con el PSOE, ni siquiera amarrar un pacto de legislatura.

Apenas unos meses después, un Podemos fortísimo lograba 69 diputados en España, por 2 de Unidad Popular (IU), 71 en total. Se mantuvieron en 71 diputados, esta vez juntos como Unidas Podemos, seis meses después en la repetición electoral, a pesar de la pérdida de un millón de votos. Pero esa es otra historia.

2018. La victoria inesperada, aunque previsible, de la derecha  

El PSOE que prefirió en 2015 mirar a su derecha y pactar con Ciudadanos provocó un nuevo desgaste, esta vez letal, de su electorado en las elecciones de 2018. Parte del electorado de Podemos e IU acusó la decepción de que ese auge de la izquierda en 2015 no hubiera tenido ninguna traducción práctica. La cosecha se preveía mala. Podemos e IU se presentaron juntos (Adelante Andalucía) para conjurar que la, más que previsible, bajada de votos no se tradujera en pérdida de diputados. Las encuestas auguraban que, aún así, PSOE y Adelante Andalucía (Podemos-IU) sumarían mayoría absoluta. ¿Qué ocurrió? Que la participación volvió a bajar en casi un 6%, que Podemos-IU perdieron 300.000 votos (que no se percibieron tanto por el espejismo de conservar 17 de los 20 diputados), y que el PSOE perdió otros 400.000, quedándose con 33 diputados, con la suma de ambos lejos de la mayoría absoluta. Por la derecha, PP y Ciudadanos no sumaron siquiera el mejor registro del PP en Andalucía (50 diputados en 2012) pero la ultraderecha (VOX) entraba con fuerza por primera vez en un parlamento y Moreno Bonilla pasó, de estar en la cuerda floja, a convertirse en presidente.

2008-2018. La verdadera debacle de la izquierda

Estos son los datos:

  • Entre 2018 y 2022, la participación apenas ha variado. Entre 2008 y 2018 la participación bajó en 14%.
  • Entre 2018 y 2022, el PSOE perdió 125.000. Entre 2008 y 2018, el PSOE perdió casi 10 veces más, 1.200.000 votos (más de la mitad de su mejor récord).
  • Entre 2018 y 2022, el bloque a la izquierda del PSOE, que iba dividido, perdió solo 130.000 votos, aunque el batacazo parece mayor (esta vez por el espejismo, al revés, de sumar solo 7 diputados). Entre 2008 y 2018 vivió una auténtica montaña rusa. Entre 2008 y 2015, triplicó sus votos y ganó 600.000. Entre 2015 y 2018 perdió 300.000.

Lógicamente todo esto tiene muchas puntadas. ¿Qué sectores sociales, edades o territorios abandonaron primero o viraron su voto? ¿Para cuándo una geografía e historia políticas de Andalucía en los últimos 50 años? Seguimos.

2022. La reconfiguración, estabilización y ampliación del bloque de la derecha 

Y si se quiere la puntilla del bloque de la izquierda. ¿La puntilla? Lo veremos en el futuro.

Los datos en titulares:

  • La participación crece un 2%. La alta abstención de 2018 se mantiene.
  • El PP obtiene una cómoda mayoría absoluta: conserva la mayoría de sus votantes, la mayoría de los votantes de Ciudadanos, algunos procedentes de VOX, una parte incluso de votantes del PSOE y rentabiliza el ligero incremento neto de participación (mayor participación en sus feudos y mayor abstención en los de la izquierda).
  • Ciudadanos desaparece, VOX crece ligeramente pero se estanca y baja mucho respecto de las elecciones generales. La derecha y la ultraderecha juntas han pasado de 50% al 60 % del electorado.
  • El PSOE pierde el 15% de sus votos y el 10% de sus diputados
  • Por Andalucía (PA) y Adelante Andalucía (AA) pierden, sumados, el 25% de sus votos respecto a 2018 y el 60% de sus diputados. Si hubieran ido juntas, de haberse mantenido sus votos, las estimaciones les darían 6 diputados más (4 para PA y 2 para AA)
  • El legado de Adelante Andalucía se reparte un 60% para PA y un 40% para AA. Aunque de manera muy desigual por provincias en el caso de AA (sobre todo Cádiz y Sevilla) y mucho más homogéneo en el caso de PA.

El PP ha captado casi 300.000 votos “útiles del PSOE” y el PSOE ha captado 150.000 votos “útiles” a su izquierda. Probablemente ese es el principal movimiento electoral en el ámbito de la izquierda. 

El principal drama es su traducción institucional. El Grupo Parlamentario de Por Andalucía se configura con una diputada de IU, una diputada de Más País y tres diputados/as “independientes” de Podemos. Las dos diputadas de Adelante Andalucía no podrán ni constituir grupo parlamentario.

El artículo de Alejandro López no tiene desperdicio y describe bastante bien lo que ha ocurrido en esta última legislatura. Es más, su análisis certero de estos tres y pico últimos años, a modo de guión, es lo que me ha animado a escribir y poner en orden todo lo que venía pensando sobre estas elecciones.    

Repaso los 10 puntos de Alejandro con algunas aportaciones, que para que se me entienda requiere parafrasear o resumir sus argumentos, aunque el orden o agrupación de los mismos se presentan aquí bajo distintos epígrafes. Al final de mi artículo aporto algunas ideas para el futuro.

Una cuestión de principio. La democracia liberal y la alternancia en el poder

En un sistema de democracia liberal, como en el que vivimos (de bipartidismo imperfecto en los últimos 10 años) en el que un partido como el PSOE ha gobernado casi 40 años en un territorio (Andalucía) no parece descabellado que el partido que le da la alternancia termine sustituyéndolo y que permanezca un mínimo de dos o tres legislaturas en el poder. Es lo que ha pasado en muchas autonomías, ayuntamientos o en el propio gobierno de España desde 1978, con algunas, muy pocas, excepciones. Lo raro es que no haya pasado antes (El PP de Arenas estuvo a punto de conseguirlo en 2012, cuando obtuvo 50 diputados). 

La abstención vino para quedarse

La abstención no ha sido especialmente atroz, quiero decir, en esta ocasión, en comparación con otras convocatorias. De hecho, la participación neta ha crecido en torno a un 2%. En todo caso, la participación bajó mucho en la última década y no se ha recuperado. Lo que sí ha ocurrido es que la participación parece haber seguido disminuyendo en los barrios más populares y de izquierda, mientras se ha incrementado en las zonas que votaban a la derecha. ¿Por qué? Pues porque sencillamente estamos, como comentaba anteriormente, en un momento de alternancia, donde sigue habiendo “deseos de cambio”, donde las políticas de desmantelamiento de servicios públicos se perciben como «naturales» porque el PSOE también las aplicó. Lo que prima es el efecto “bálsamo” de tranquilidad y centrismo de Moreno Bonilla, que promete, y todavía tiene credibilidad, que las cosas mejorarán poco a poco (siempre queda echar la culpa al Gobierno de Sánchez), y para eso se requiere tranquilidad y no ruido, por eso VOX se estanca.

La vida orgánica a la izquierda del PSOE, un desastre

Todo en lo social tiene un antecedente, en política también y la parte de la política que son los «partidos políticos» no iba a ser menos. En la lógica tradicional de partidos las disputas internas entre corrientes se dirimían mediante rendición, aceptación de statu quo, escisión, abandono o expulsión, y la solución adoptada trascendía poco al electorado, que permanecía bastante ajeno a estas disputas. Sin embargo, en la era de las redes sociales y la política espectáculo, la larvada situación de enfrentamiento entre Anticapitalistas y la corriente Pablista en Podemos, y la relación de IU con el partido morado (todas ellas relaciones de conveniencia y “utilitaristas”) se enquistaron sin solución y a la vista de todos.  

Podemos, el de Pablo Iglesias, se rindió a dejar el campo libre a Anticapitalistas en Andalucía, porque tenían un enemigo común, Errejón. Adelante Andalucía, la original, se construyó sobre la necesidad de IU de reponerse a su fracasado intento de gobierno de coalición con el PSOE y bajo su “aceptación” de que la marca Podemos y la «nueva política» mandaba electoralmente. Podemos tenía que amortiguar su previsible descenso. Maíllo y Tere, bajo la apariencia, o realidad (quién sabe), de una química personal, en la que uno deja paso a la otra como imagen electoral, fuerzan una aparente química entre organizaciones que nada tienen en común, ni en tradición de relaciones con el PSOE en los municipios, ni en implantación en el territorio, ni en capacidad de resistencia (no me extenderé en esto). 

Pero tras la llegada de la derecha a Andalucía en 2018, y el acuerdo del gobierno de coalición en España en 2019, la cuestión no se sostenía. En vez de realizar un “divorcio” civilizado y «no pelearse por la custodia de los niños”, Pablo y Tere se limitaron a grabar un video de despedida y a dejar todo en manos del “territorio andaluz”, donde IU y un Podemos «pablista» empequeñecido eran quienes se comían el marrón del día a día. Lo que inicialmente fue un proyecto construido sobre el tándem Maíllo-Tere no se  resolvió también por la vía del mutuo acuerdo. Tendrían que haber certificado el divorcio en Andalucía, haber enterrado la marca “Adelante Andalucía”, haber disuelto la coalición y haber resuelto la situación del Grupo Parlamentario Andaluz por la vía de la negociación.

¿Qué ocurrió? Lo que ya todos sabemos y Alejandro López describe bien en su artículo. La expulsión de los “anticapitalistas” del Grupo Parlamentario y todo lo que se derivó de ello. Un conflicto que, cuando se ve desde fuera, a toda persona sensata le sale repartir culpas por igual, porque independientemente de “quién” empezó con la primera hostilidad, ninguno supo parar. Reacción circular sistémica, de “primer curso” de cualquier disciplina de ciencias sociales o psicología.

Después de meses de escarceos y navajazos mutuos “todos sabían que iba a suceder pero nadie ha encontrado soluciones por el camino; y nadie lo ha hecho porque han antepuesto su inquina a los intereses de una mayoría andaluza.” (Alejandro López). ¿Pensaban en serio que el “fairplay” forzado y a regañadientes de la campaña electoral iba a llegar al electorado, que solo percibía ruido, tensiones muy graves y frustración en los últimos tres años?

El PSOE en shock “tranquilo”

Sobre la situación del PSOE comparto el análisis de Alejandro. Ningún peso pesado del PSOE y María Jesús Montero menos (tampoco lo hizo Garzón en Unidas Podemos) se iba a poner al frente de unas elecciones que se perdían sí o sí, como argumenté al principio. Tocaba seguir gobernando al partido político que estaba en la alternativa (el PP) y acababa de empezar, después de 37 años de PSOE. Sin embargo no creo que Espadas fuera una apuesta a propósito o un plan para competir con un modelo al estilo “Moreno Bonilla”, era simplemente lo que tenían en plantilla que estuviera dispuesto a salir al terreno de juego. El PSOE ha tenido una legislatura de encefalograma  plano en lo político, de tensión soterrada en lo orgánico, y está aún en un “shock tranquilo”

¿Y las clases populares, la mayoría social, el electorado progresista?

¿No hay motivos en las clases populares para que se sientan agraviadas y argumentos en la izquierda política para criticar al Gobierno de la Junta? De sobra. Pero hay poca ilusión, poca confianza en las propias fuerzas políticas que deberían representarlas, falta un relato solvente que confrontar con la derecha, tenemos unos movimientos sociales cansados, desarticulados, y unas urgencias en el día a día que nos sobrepasan.

Moreno Bonilla (Juanma), el yerno perfecto. Juan Marín, el escudero fiel que se inmoló por su caballero

Sobre Moreno Bonilla, poco que decir, comparto el análisis de Alejandro. Ha explotado a la perfección desde el punto de vista comunicativo su perfil centrado y moderado, situándose por encima de las siglas del PP para no arriesgar. Incluso cuando algunos le criticaron el bajo perfil en el primer debate continuó en su tónica, dejó la defensa del Gobierno a Juan Marín, que terminó dando más credibilidad a la acción de Gobierno que si la hubiera defendido el propio Juanma. Cuando recibía críticas sobre su gestión se limitaba a reconocer que seguía habiendo problemas en Andalucía, que el camino del cambio se había emprendido y que él sería capaz de continuarlo. Por eso ha fidelizado todo su voto, ha rentabilizado el incremento de participación (mayor en sus feudos), ha captado la mayoría del voto de Ciudadanos, ha tomado votos prestados al PSOE que temían a VOX en el Gobierno y hasta al propio VOX ha robado votos. 

Sin embargo discrepo de que los andaluces y andaluzas a la hora de votar hayan perdonado las tropelías y la corrupción del PP, o que hayan olvidado, por el caso de Jerez, el incidente de Saldaña conduciendo borracho, a los que alude Alejandro. Eran unas elecciones andaluzas y lo que se valoraba era lo que estaba ocurriendo en Andalucía. El PP no tiene escándalos significativos en Andalucía y ha podido seguir influyendo más el recuerdo de la corrupción del PSOE, sobre todo ante su anodina legislatura en la oposición, su falta de proyecto de futuro y su también anodino candidato. Saldaña ni es candidato ya a la alcaldía de Jerez y además le han escondido durante toda la campaña.

VOX. Poco que decir

Inició su auge en unas elecciones andaluzas en 2018 y puede, ya veremos, haber iniciado su frenazo, también en Andalucía, en 2022. A veces me pregunto si no tratamos al electorado como a idiotas. ¿No habrán hecho los electores y electoras andaluzas lo que los partidos de la derecha no han querido hacer? Poner un cordón sanitario a VOX por la vía de los hechos.

La campaña electoral

Las campañas electorales han sido un reflejo de las condiciones en que se había situado cada fuerza política a lo largo de la legislatura. El PP trabajó sobre la imagen de “Juanma”, venía de controlar el adelanto electoral durante casi un año, no arriesgó nada y dejó a la izquierda que le hiciera el trabajo del miedo a VOX y de ridiculizar a Olona (no es que hiciera mucha falta). Si bien durante la campaña esta estrategia se agitó menos, en los meses precedentes fue la canción que más se repitió. Ciudadanos siguió vendiendo gestión, ante el panorama de encadenamiento de derrotas en otros comicios era lo único que tenía. El PSOE centró su campaña en la defensa de los servicios públicos, con la escasa credibilidad de haber realizado el mayor recorte de los mismos en la historia reciente de Andalucía y con la amenaza de pérdida de derechos.

Por Andalucía trató de hacer una campaña más propositiva, basada en la imagen de buena parlamentaria de Inma Nieto, pero ya era tarde, el ruido seguía resonando a lo lejos. Tiró del pundonor de la militancia, básicamente de IU, y apenas tuvo tiempo de dar a conocer a su candidata y su nueva marca. Aunque contó con el empujón final de Yolanda Díaz, se lo pusieron muy difícil y todo el mundo percibía que no era su proyecto (ahora Yolanda Díaz carga con cierto peso del fracaso, aunque no creo que sea determinante en su andadura). Para finalizar, Teresa Rodríguez, llevaba tres elecciones siendo cabeza de cartel, utilizó la marca Adelante Andalucía (anteriormente asociada a Podemos-IU), su altísimo grado de conocimiento al haber sido su candidata anterior (su cara en la papeleta) y un grupo pequeño pero muy afín de activistas (básicamente en Cádiz y Sevilla). A esto yo añadiría que manejó  bien ser víctima de persecución y utilizó bien los debates, hecho que valoraron muchos medios. A pesar de todo ha obtenido unos resultados muy pobres. Y aunque eran de esperar, parece que le han sabido a miel, comparándolos con los de Por Andalucía, que se quedó muy por debajo de sus expectativas. 

Sobre la construcción de la uni… ¿qué? de la izquierda

Sobre cómo se gestó “Por Andalucía” no puedo más que compartir que se hizo tarde y mal, una obviedad. Esa ha sido la clave de que los resultados hayan sido peores. Los resultados nada tienen que ver ni con las cualidades de la candidata, Inma Nieto, ni con las eventuales y supuestas mejores dotes de Juan Antonio Delgado para ello. Ninguno tenía el carisma necesario, en eso discrepo con Alejandro, ni el contexto hubiera permitido rentabilizarlo lo suficiente. Ahí está el caso de Teresa Rodríguez, súper carismática y con apenas dos diputadas. Usando la cita de Vallín, quizá Juan Antonio Delgado tuviera más “liderazgo carismático” pero quizá IU no hubiera organizado para él las “paellas solidarias” que su organicidad permite. Liderazgo carismático, unidad de acción y capilaridad orgánica en el territorio tenían que ir de la mano para que los resultados no hubieran sido tan malos, aunque no hubieran evitado que la derecha gobernara de nuevo en Andalucía.

Todo,  como vengo diciendo, tiene sus antecedentes. Pienso que el kafkiano final de la presentación de la candidatura de Por Andalucía responde a las condiciones en que se gestó, no es una cuestión de torpeza o mera improvisación. Los contactos entre las distintas fuerzas políticas a la izquierda del PSOE en Andalucía se empezaron a producir a instancias de mediadores (con nombres, apellidos y trayectorias concretas) y siempre en un clima de incertidumbre sobre el adelanto electoral que manejó a la perfección Moreno Bonilla durante el final de 2021 y los primeros meses de 2022. Teresa Rodríguez, tras asistir a una reunión conjunta con todas las fuerzas de izquierda a principios de año, llamémosle por cortesía, se desmarcó del proceso de diálogo. 

La primera e improvisada foto de familia tuvo lugar a finales de marzo. Un primer encuentro del que se desmarcó rápidamente AndalucíaXSí y que ya produjo roces desde la misma noche por parte de Más País, que reclamaba un/a candidato/a de consenso que nunca llegó, por mucho que se propuso en las semanas siguientes a distintas personalidades andaluzas y que rechazaron una tras otra. Pero esa foto marcó todo lo que ocurrió después. ¿Quién se iba a atrever a salirse de algo que significaba voluntad de unidad, por muy precaria y por pura necesidad que fuera esa unidad? No había tiempo de nada, ni de socializar la idea, ni de trabajarla en cada organización, ni de crear espacios de trabajo conjunto. Si a todo eso le sumamos las tensiones en el espacio de Unidas Podemos a nivel estatal y que las negociaciones se realizaban a múltiples bandas, en Andalucía y en Madrid, con el equipo de Yolanda Díaz apagando fuegos continuamente, no podía salir bien.

En Andalucía en esta materia queda todo por hacer y si las condiciones eran malas, después de los resultados, la cuesta es aún más empinada aunque más necesaria de subir.

¿Tiene todo lo anterior que ver con otras cosas más allá de lo que ocurre en Andalucía ? Claro que sí

Podemos, las confluencias municipalistas y el Gobierno progresista por extensión han sido machacados por medios de comunicación, mayoritariamente conservadores, desde casi su nacimiento, y ni la pérdida de gobiernos municipales, ni la salida de Pablo Iglesias, ni las medidas más exitosas del Gobierno de España, principalmente impulsadas por el ala izquierda con Yolanda Díaz a la cabeza, ha evitado los continuos ataques. A ello hay que añadir la estrategia de lawfare con la complicidad de la judicatura conservadora y ultra, las operaciones en la guerra del Estado Profundo contra la democracia liberal tan bien descritas por Vallín, los ataques al feminismo,  las campañas de odio, el auge de la ultraderecha en el mundo, las fake news, etc. Todo influye. Sumemos la desmovilización de “la calle”, la relativa debilidad de los sindicatos, la frustración derivada de las dificultades para tomar medidas más potentes desde el Gobierno, por torpeza, por la correlación de fuerzas, los lobbies de las grandes corporaciones que presionan en España y en Europa, la pandemia o la crisis ambiental que descorazona.Todo suma.

¿Sirven los resultados de las elecciones andaluzas para anticipar resultados en las elecciones municipales o generales?

Pues depende. Los análisis y extrapolación de datos a las elecciones municipales, supongo que a muchas les dará morbo. Pero está más que comprobado que las elecciones municipales tienen una lógica completamente distinta a la autonómicas y generales, tanto desde el punto de vista político como desde el propiamente jurídico electoral. No me extenderé ahora en eso, por obvio. En muchos ayuntamientos andaluces donde en 2018 ganaron las elecciones autonómicas la suma de PP, Cs y VOX, ganó las elecciones municipales un año después el bloque del PSOE más las formaciones políticas a su izquierda. Eso no quita para que el crecimiento de la derecha en general no deba preocupar, es un elemento a tener en cuenta, pero ni es el único, ni es definitivo. Hay partido para las izquierdas en las elecciones municipales en muchos ayuntamientos de Andalucía.

Durante el periodo analizado, salvo en 2011 en que ganó el PP, el bloque del PSOE más las formaciones a su izquierda siempre han ganado al bloque de la derecha en las elecciones generales en Andalucía, a pesar de la victoria de las derechas en las elecciones andaluzas en 2018.

Lo que sí hay en Andalucía es una tendencia muy clara desde 2011, los resultados del «bloque a la izquierda del PSOE» siempre son algo mejores en las elecciones andaluzas que en las elecciones generales. Pero estos resultados no han dejado de bajar desde 2015 hasta ahora, a casi la mitad. Si los resultados simplemente se repitieran en una próximas elecciones generales (sin necesidad de bajar todavía más), tanto en su cuantía como en su distribución entre las dos fuerzas a la izquierda del PSOE (Adelante Andalucía y Por Andalucía), es muy posible que no hubiera NINGÚN/A diputado/a de estas fuerzas políticas en el Congreso en Madrid. Tendríamos una muy alta probabilidad de que NO hubiera NINGÚN/A diputado/a andaluz/a, ni de los que dicen representar a una fuerza política de «estricta obediencia andaluza», ni de los que dicen que podrían contribuir desde Andalucía a sostener a un «gobierno de coalición progresista» positivo para nuestra tierra. NINGUNO/A. 

Y con este panorama ¿qué hacemos?

A veces nos hacemos las preguntas equivocadas: ¿por qué la gente no se mueve, por qué parece renunciar a sus derechos y no pelea para defenderlos?, ¿por qué votan a la derecha o a la ultraderecha que está acabando con los servicios públicos?, ¿por qué la gente no participa en política, por qué muchos dejan de votar?, ¿por qué se traga lo que les echen?

Parece que el problema está en los que no se mueven, como si no tuviera nada que ver con «nosotros/as». Pensamos simplemente que si esos que no se mueven se movilizaran otro gallo cantaría.

Pensamos y actuamos como si no fuéramos conscientes de que nosotros/as tenemos que ver con ello. Al fin y al cabo somos nosotros/as los que estamos en las organizaciones. Nuestras acciones y nuestras omisiones, nuestros mensajes y nuestras actitudes influyen.

Pensamos y actuamos como si no existiera la historia, como si lo que nos está pasando no hubiera pasado antes de alguna manera, en otros territorios, lugares del mundo, en otras épocas, como si nada se hubiera escrito y reflexionado con anterioridad.

Pensamos y actuamos como si no tuviéramos a nadie en frente, como si creyéramos que los adversarios políticos  están quietos esperando que nosotros reunamos más fuerzas.

Hablamos de la falta de coordinación, sintonía, convergencia, confluencia, organización y efectividad de nuestras organizaciones, colectivos, movimientos, mareas, sindicatos, plataformas, partidos, etc. como si nosotros/as no estuviéramos en ellas, como si el problema siempre estuviera en «los otros».

Algunas ideas

Guardar bajo llave o, mejor aún, tirar a la basura el disfraz de Capitán A Posteriori, el ridículo superhéroe de South Park, que siempre llega al lugar de la tragedia y relata todo lo que se tendría que haber hecho para evitarla, pero que no ofrece ninguna solución para ponerle fin, aquí y ahora. Algunas personas llevan todo el día el disfraz puesto y otras nos lo ponemos de vez en cuando, que nadie se libra, ¿eh?

Superar la polarización de los discursos. Cuando escucho analizar la realidad política, tanto la respuesta electoral como la respuesta ciudadana a nuestras propuestas políticas, acciones o simplemente a la hora de valorar nuestras crisis orgánicas, los problemas de nuestras organizaciones, etc. utilizamos con frecuencia ideas en apariencia contradictorias. Propongo que cuando dos ideas se nos presentan como contrapuestas y enfrentadas, añadamos a continuación la frase “una cosa no quita la otra”; la frase que Mar Gallego propone para aprender a superar la polarización de los discursos que se han convertido en un enorme obstáculo para poder llevarnos a lugares donde la vida esté en el centro”

Huir de quienes tienen recetas infalibles y tienen respuesta para todo, se engañan a sí mismos y engañan a los demás, así que humildad, trabajo duro, inteligencia y construcción colectivas. 

Tirar a la basura el compendio de cosas que son muy fáciles de decir y muy difíciles de hacer si solo se enuncian. Toda propuesta, como una casa, tiene que tener unos planos, una planificación de los recursos necesarios, acciones para conseguir esos recursos, gente capacitada para construirla, etc.

La autocrítica no se pide, se practica. Lo de «vamos a hacer autocrítica» e inmediatamente hablar de todo lo que ha hecho mal el de enfrente no tiene nombre. 

Si hicimos cosas y no se obtuvieron resultados, ¿por qué repetimos lo mismo? Un grupo de personas, un partido, una coalición de partidos, una confluencia, puede estrellarse a pesar de poner todo su esfuerzo y su voluntad. Es necesario cambiar, tener equipo humano, capacidades, recursos, planes, visión para aprovechar las oportunidades que se le presentan, priorizar, racionalizar esfuerzos… No basta con querer.

La capilaridad ayuda. Necesitamos tener más gente contenta y haciendo cosas útiles (cada una lo que pueda) en nuestras organizaciones, llegar a más gente y gente diferente, en muchos territorios diferentes, tejer alianzas y complicidades con personas y grupos, lograr prescriptores sociales y comunicativos.     

Los espacios y las prácticas de cuidados son imprescindibles en nuestros espacios políticos. Tienen que pasar de ser meros eslóganes en nuestros documentos o discursos a materializarse y poder tocarse con los dedos.

Buscar el consenso e integrar la diferencia ayuda a hacer crecer nuestros espacios políticos. Nos empeñarnos en marcar las diferencias, echar a pelear documentos, equipos, listas, ganar votaciones y machacar a las minorías, centrifugar a miles de personas que son necesarias. 

Si vamos a propiciar la unidad, la confluencia y el trabajo con organizaciones llamadas a entenderse, seamos honestas. Aportemos lo mejor que tengamos y guardemos en un cajón lo que no vaya a servir. Aceptemos que otras hacen algunas cosas mejor que nosotras y digamos con cariño aquello que las demás deben guardar en el cajón, procurando que nuestras palabras sean dulces y suaves, por si algún día tenemos que tragárnoslas. Rescatar aquello de la federación de competencias: cooperación desde la diferencia.

Aceptemos el valor de la emoción y de la ilusión. Hace apenas una semana en la Escuela Municipalista de Zaragoza en Común, un activista muy sensato y agradable, siempre que terminaban los talleres o mesas redondas, no preguntaba cosas técnicas o  teóricas. Siempre hacía la misma pregunta con mucho cariño a los ponentes: Si tuvierais que explicar un relato ilusionante a la gente ¿Cuál sería? Era la pregunta que más trabajo costaba a todas responder.

¿Os habéis dado cuenta que no he puesto “renunciar a los egos”? No me gusta esa expresión, por imposible de conseguir. Con los egos hay que convivir. Acabar con los egos en los espacios políticos no es una cuestión que se pueda dejar o reclamar de manera individual y, además, hay personas para todos los gustos. Lo colectivo y el liderazgo compartido emergen si nuestro método y nuestra organización los promueven.

NOTA AL PIE: Las fotografías son propiedad de sus respectivos diarios y agencias. Su uso es meramente ilustrativo. La Réplica es un magazine sociopolítico sin ánimo de lucro.

Autor: Jose Mejías

Psicólogo Social, empleado público hace 35 años. Ha desarrollado su trabajo profesional en ámbitos de participación ciudadana, animación sociocultural, educación social y desarrollo comunitario, especialmente en materia de formación. Activista de barrio, trabajó con menores y jóvenes en distintos colectivos, pacifista, ha sido integrante de iniciativas sociales, sindicales y políticas. Participó en el 15M y fue miembro de ATTAC. Desde 2014, participó en la creación de Ganemos Jerez, agrupación municipalista en el Ayuntamiento de Jerez. Integra la Comisión de Coordinación y asume el trabajo de contacto y relación habitual con otras redes municipalistas en España.

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